sábado, 10 de octubre de 2009

Silencio, soledad, la paz.

El silencio que otorga el solitario murmullo de mis pensamientos, placer onanista, sensual, sentir el sosiego que permite ser consciente de toda la extensión de mi piel, la paz. Casi oigo mis latidos subiéndome por la garganta y acariciando mi lengua muda, de motu propio, que hablo si quiero, pero no diría nada más perfecto que el silencio que hace de cinta verde, transportando ideas, abigarradas, serenas, maduras.
Las presencias amadas me estorban para asir el silencio, la soledad cual luciérnaga tímida y nerviosa, huye ante las presencias, no quiero un libro, apaguen esa música, dejen ese mando a distancia, quedos todos, cierren los ojos mientras los mantienen abiertos, sientan como la neblina verdosa se posa en sus ojos y de rocío tibio empapa la visión del aire de donde surgen incesantes escenas de uno mismo, ahora veo claro, cómo no había caído, la niebla por efecto de luminosa soledad transluce un objeto, amorfo, deliciosamente imperfecto, casi erótico, de aristas y ángulos, valles y picos, rugoso y liso, objeto de mi placer, SOY YO
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