sábado, 24 de junio de 2017

La memoria es algo bueno

La memoria es algo bueno

La memoria es cosa buena
¿Quién no recuerda
aquella niña de rubias trenzas
que murió ahorcada?

¡Ay la memoria!
Nos mata.
Nos hace vivir.
Un día me dijo
lo que es morir.

La sangre deja de recordar,
el cerebro se atora,
no hay que preguntar
sucede todo
a última hora.

La niña de las trenzas preguntó:
¿Pero eso es todo?
La memoria,
que es muy vestida,
respondió:
No,
queda la memoria,
quedo yo.

Añadió:
¿Quién  no recuerda
la dulce niña
de las generosas trenzas,
que se ahorcó?

Pero, señora,
mi tía me trajo un crucifijo,
para que Dios
se apiade de mi alma.

Mira niña,
soy muy vieja
y olvido propósitos
y fundamentos.

Creo recordar que
el alma era un aditamento
blanco, fino,
miedos marcados
en un almanaque
y deseos mal aplacados.

Dios ociosamente
guarda en una cajita nacarada
almas.
Que al soplar se avientan
las almas y los dioses,
únicamente queda el nácar
y su brillo en el recuerdo.

La niña tenía una mueca
graciosa por desordenada,
imposible no recordar,
esa niña de argentina alma.

Así que no me vengan
para acá
con el más allá.

Que en el lado de acá
las maños suaves y calientes
de la madre,
la abuela que aprieta
a su bermeja
y desnuda nieta,
contra sus lacios pechos
son los resquicios de cada uno.

Eso es la memoria,
eso es el alma señora.

La memoria es cosa buena.