Traicionera la memoria
a nuestro antojo
pone luceros y enojos
donde hay trastos
y rescoldos.
¿Qué seremos nosotros ahora,
que ya estamos dejando de ser?
Recuerdo mis ojos enfangados
que no los reconozco míos
que míos son.
Mis manos que lo cogían
estaba vivo
y me quería
y mío era.
Temo que el recuerdo
pintor antojadizo
pinte tus ojos
esferas verdilíneas.
Temo a toda esa vigencia
que firma documentos
y trae legañas
y membretes
y cielos saturados
ciertos y callados.
Vi una vez un lucero
que ahora cerilla
consumida
que no te engañes
ni antaño
tanto lucía
ni ahora
tanto se extingue.
Reproches del año pasado
caen en la mano rota
que será la muerte
quien lo deje todo claro.