Sea como sea que nos vaya,
nunca en silencio,
ni callados,
ni cayados.
Hablamos con los ojos ,
las manos,
todo es hablar ,
todo es contar...
la infancia eterna.
La infancia
que ha molido la vida
con los dientes de leche,
traemos el olor
de los pechos maternos
hasta que la tierra se nos abra.
Chirriaron los dientes
las muelas del juicio
el hilo dental
el ovillo abrigado.
¡Vamos!
¡Vamos!
Relatemos cada cual
cómo nos fue
con la vecina borracha
con que hirvió el café al padre.
¡Venga!
Recuerda
Aprendiste que la luz ciega,
que la prisa dilata,
asimilaste el escupir
al rezar luz y más luz.
¡Haz un esfuerzo!
Desenmaraña la madeja,
el ovillo abigarrado,
de las cadencias armónicas,
las notas musicales
multicolores,
de nuestras niñeces.
Que si ya de viejo
aprietan....
¡Malo!
Recuerdo con dulzura,
sobremanera,
mi niñez,
fue feliz,
qué cojones.
Pese a que perdí
todos los de leche
sigo mascando la vida
de leche.
Pese a que la madeja
se deshizo en nudos
que paulatinamente cercené
guardo mechones multicolores
que en una cajita de nácar alojé.
Mechones que beso,
suavemente,
cuando escribo
algún que otro verso.