miércoles, 3 de abril de 2019

Patios y andamios

Mirar
desde mi ventana guillotina
mi patio
visto desde el quinto
sin ascensor posible
era como mirar
desde la boca
de una botella de Licor 43.

En el fondo era un polígono muy irregular
en el bajo hacía que vivía
un conductor de funicular
los sábados sonado
llenaba el patio de desidia.

En calzoncillos blancos
y camiseta de tirantes
corría a los gatos.

Borracheras miserables.

Yo con las uñas negras
asistía jocundo
con mi mazinguer en la otra
afligido
por no poder lanzar mis pechos
como misiles
al fondo de Afrodita
al fondo del patio. 

Mi patio
enjambrado de vidas,
que anidan pendiendo
su centrífuga felicidad
de abigarrados colores
entre los diferentes tendederos y voladizos.

Que las golondrinas muy negras
rasan las ventanas de guillotina
rebotando de pared en pared
rechinando en el aire enrarecido
haciendo a los gatos correr.

Llegaron los obreros jóvenes
y sacaron bajo el casco blanco
un sinfín de tubos y pasadores
pasarelas y conversaciones.

Cual enredadera en el viejo muro
del cementerio vivo
de mi viejo patio
de codos y de manos
de hombros y de pechos
de ansias y anhelos
se alza espeso un flamante andamio.

Por donde trepan mis gatos
de la infancia pelona
huyen de toda esa grasa parda
de la camiseta de tirantes.

Vienen todos al quinto
y tiernamente me arañan
los labios y los párpados
y río, y río
mientras a manotazos
las golondrinas espanto…

En mi patio se trabajó arduo:

Cuando las hojas de los plátanos de sombra
que flanqueaban el cementerio
en los otoños de viento sur
atoraban
tanto y tanto sumidero
las lluvias postreras
anegaban
los aleros volantes
desbordados vertían chorretones de salitre
sobre mis ojos blandos
entonces
el andamio arborescente
vino a guarecer todos los gatos negros.

Ese andamio que sostuvo
tantas y tantas tetas
esas maletas de madera
esos corazones jóvenes arrancados
de la tierra.

Todavía hoy guardo antiguos recuerdos :

Unas gotas salitrosas del alero,
arañazos en mis comisuras,
tornillitos de andamio enmohecidos
jirones de camiseta
y una codicia jamás domeñada
por los pechos de cualquier Afrodita.