jueves, 4 de agosto de 2016

Hay que merecerlo

Hay que merecerlo 
no vale 
con apretar los ojos 
para soñar 
no vale
con hinchar el pecho
para respirar
no vale.

Hay que merecerlo.

Ser digno 
bajo la cascada de humos
del inciensario 
de las acometidas 
de tantos ocasos.

Acreedor de animales bellos,
enjutos y albos 
animales repentinos y melosos.

No, no vale con desearlo
Hay que merecerlo.

Hay que cruzar esos ríos agrios
sin percas doradas,
con mechones entre los dedos,
sin mesarse los nervios .

Hay que haberse alejado 
de tus carnes 
para que sean tuyas.

Haber sentido el jirón 
arrancado
de un costado 
con la garra
de mi retina
al dejarla.

Garra de lágrimas
de desconcierto 
que se asía 
a mí 
mi tuétano 
y me arrancaba 
mucho
pero que mucho
dolor.

Para soñar 
sin ceñir los párpados 
para ahora reír.

Sin mueca pintada
sin comisura salada
sin culpa perlada 
surcando el maquillaje
verdoso. 

De la locura
de la amargura 
de la pintura verde
del que partió 
del que fundió 
un patio
colmado de niños,
con una vereda
hacia el norte
con corderos y limacos
que te miran reflexivos.


Para poder respirar 
a bocanadas
tan solo con levantar 
la mirada
a media hasta.

Si es que no es suficiente 
Con desearlo 
Hay que merecerlo 

Hay que haber palpado 
la parca
fría, suave
quieta, fea
en su cama
con la cara descansada 
por fin.

¡Prestad atención !

Que ya soy dueño
De mis deseos 
por fin sueño
con solo entornar 
los ojos.









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