El adolescente tiene una mordaza
alrededor del cuello.
Trenzada en curiosidad
arrojo delgado y miedo
que hace humear su piel
y colma de vaho los espejos.
Separa la espesura,
para ver tan apresurado,
que ni la caracola ve
tan solo ve viento agitando
esa maleza pugnando.
Las hojas caen del suelo
hacia las ramas
verdeando.
La sabia escanciada desde la copa
eyaculando en la tierra
ni firme, ni madre.
Los odios y los amores de aluvión
suben y bajan las dichosas mareas
caen y se levantan las lágrimas
de la mejilla al ojo
del ojo a la comisura.
El que adolece tiene un universo
que yo que adolezco de lo suyo
poseo mi memoria ,
lucero engastado en mi imaginario
me trae los suspiros
los puños prietos
de mi azarosa desazón
de los años pretendidos.
Traban los núbiles descubridores
una maraña apasionante
que traerá brazos y piernas
penes y vulvas
acordes al tamaño
del aire que respiraron
padres que habrán de
purificar el aire.
Habrán de acariciar sus suaves caracoles
Sujetarlos por los machos
y las hembras.
Habrán de contener el vertido
de lava y futuro
abriles y torrentes.
¡Ay! El adolescente que araña
la cal de la pared viva.
¡Ay! Si no seré yo con uñas romas
Y paredes desconchadas.
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