jueves, 9 de marzo de 2017

Nuevos

El adolescente tiene una mordaza

alrededor del cuello.

Trenzada en curiosidad

arrojo delgado y miedo

que hace humear su piel

y colma de vaho los espejos.


Separa la espesura,

para ver tan apresurado,

que ni la caracola ve

tan solo ve viento agitando

esa maleza pugnando.


Las hojas caen del suelo

hacia las ramas

verdeando.

La sabia escanciada desde la copa

eyaculando en la tierra

ni firme, ni madre.


Los odios y los amores de aluvión 

suben y bajan las dichosas mareas

caen y se levantan las lágrimas 

de la mejilla al ojo

del ojo a la comisura.


El que adolece tiene un universo

que yo que adolezco de lo suyo

poseo mi memoria ,

lucero engastado en mi imaginario

me trae los suspiros 

los puños prietos

de mi azarosa desazón 

de los años pretendidos.


Traban los núbiles descubridores

una maraña apasionante 

que traerá brazos y piernas

penes y vulvas

acordes al tamaño

del aire que respiraron

padres que habrán de

purificar el aire.


Habrán de acariciar sus suaves caracoles

Sujetarlos por los machos

y las hembras.

Habrán de contener el vertido

de lava y futuro

abriles y torrentes.


¡Ay! El adolescente que araña

la cal de la pared viva.


¡Ay! Si no seré yo con uñas romas

Y paredes desconchadas.


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