Hablabas solo ,
sonriendo a la farola,
las manos quemadas
y los estragos del fuego
en tus pupilas.
Borracho,
con la sombra encendida,
escapaste por la ventana,
las pestañas ardidas
y la vida salvada.
Me llamaste
y no lo sabías
Acudí
y no lo sabía.
Volví de entre las primeras páginas de este cuento.