domingo, 30 de diciembre de 2007

Día 0

Los dioses son jóvenes y el pelo les pesa como la juventud, las cosas pesadas no tienen edad y la vejez es liviana, el pelo les pesa y se les mete en la boca.
Pero el dolor raya el alma con más fuerza al viejo, la incertidumbre de la decrepitud hace sufrir los pesares con más fuerza, queda poco y no quieren perder tiempo.
El peso del sufrimiento la juventud lo arrastra mirando hacia aquellos árboles, allí tras los montes de los cuarenta, escarpados y cicateros con los placeres, glotones. Tras ellos campas de pasto de los cincuenta ya van anticipando las arenas de las dunas, que bajo el sol se calientan hasta quemar, pero en cuanto el ocaso llega se torna fría y dura.
Tendremos que hartarnos de experiencias para hacer mantillas de sus retales e ir tapandonos del frío y en las noches sin luz reírnos de los titulares.

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