Son las mañanas de piel erecta, pies fríos y escasas ideas, las que traen al hombre a la realidad cotidiana, que las tardes ya poseen los días terciados y ya has llorado, ya has carcajeado y malhumoradas miradas al asfalto has dedicado. Y la noche... Ay nochecita mía, que la alma mía iluminas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario