Me arrojaste en tus sueños ,
luchando contra molinos de agua pasada,
Encantado de llevar mi parapeto de caballero,
de lo que no habías vivido,
de tus anhelos.
A espadazos te saco del sueño
y asaeteado por tus enemigos,
sin mi cara,
yazco resollando,
hálito a perfume de paseo de tilos,
en tus brazos ,
apoyado el yelmo en tu abdomen
y la careta ensangrentada
por la contienda de realidades y pasados,
ya ganados los futuros que no están.
Fenezco en ti,
mi pesebre donde renací
y los tilos mágicos me bautizaron
en las noches de primeros de julio,
con su aroma delicado,
meloso,
embriagador,
como una nube
de la espuma de tu mirada,
de ojos tachonados ,
de flor sencilla,
pero de un aroma arrobador.
Los tilos de nuestros sueños,
de fuste recio
y raíces prietas,
rezuman en los bancos del paseo
una savia que abruma,
a nuestros pasados hueros
y que trae pegado un caracol
con su casa a cuestas
sin miedo al desahucio
poderoso como un loco hidalgo.
La poesía,
los tilos en flor,
un sueño ajeno y propio,
un combate titánico,
entre molinos pasados
e hidalgos presentes,
el aroma embriagador de tu mirada.
Todo ello
Es la filosofía,
es mi pensamiento,
es la realidad.
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