Cuidar me obsesiona, bebo con sed de esas caras de agradecimiento,ocultas tras las sábanas, tal vez me esté cuidando a mí, tal vez hay un orden desconocido que hace balance al final y da a cada uno lo servido, no sé, yo de momento, gano.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Infancia ovillada
nunca en silencio,
ni callados,
ni cayados.
Hablamos con los ojos ,
las manos,
todo es hablar ,
todo es contar...
la infancia eterna.
La infancia
que ha molido la vida
con los dientes de leche,
traemos el olor
de los pechos maternos
hasta que la tierra se nos abra.
Chirriaron los dientes
las muelas del juicio
el hilo dental
el ovillo abrigado.
¡Vamos!
¡Vamos!
Relatemos cada cual
cómo nos fue
con la vecina borracha
con que hirvió el café al padre.
¡Venga!
Recuerda
Aprendiste que la luz ciega,
que la prisa dilata,
asimilaste el escupir
al rezar luz y más luz.
¡Haz un esfuerzo!
Desenmaraña la madeja,
el ovillo abigarrado,
de las cadencias armónicas,
las notas musicales
multicolores,
de nuestras niñeces.
Que si ya de viejo
aprietan....
¡Malo!
Recuerdo con dulzura,
sobremanera,
mi niñez,
fue feliz,
qué cojones.
Pese a que perdí
todos los de leche
sigo mascando la vida
de leche.
Pese a que la madeja
se deshizo en nudos
que paulatinamente cercené
guardo mechones multicolores
que en una cajita de nácar alojé.
Mechones que beso,
suavemente,
cuando escribo
algún que otro verso.
domingo, 8 de octubre de 2017
Con la tierra en los bolsillos
vivo.
que caldean mis mejillas
en su regazo.
Por un poema lacónico supe
que la tierra si la comes
se atora en la garganta,
entierra la lengua,
crecen céspedes,
y gusanos al tiempo.
Por un poema épico entendí
que la bandera contiene colores,
que tienen significados,
pero al cabo de las batallas
todas terminan siendo
la misma mortaja
y los colores...
Sombras de sangres atolondradas e injustas,
sombras de bajos humores.
Por un poema comprendí
que soy mi lengua,
que la tierra reverdece a mi paso,
que me lío la bandera al cuello
y soy un hombre guarecido.
Por un poema aprendí
que soy el propio poema,
que tú,
que me lees,
eres mi poema.
martes, 8 de agosto de 2017
Reproches del año pasado
Traicionera la memoria
a nuestro antojo
pone luceros y enojos
donde hay trastos
y rescoldos.
¿Qué seremos nosotros ahora,
que ya estamos dejando de ser?
Recuerdo mis ojos enfangados
que no los reconozco míos
que míos son.
Mis manos que lo cogían
estaba vivo
y me quería
y mío era.
Temo que el recuerdo
pintor antojadizo
pinte tus ojos
esferas verdilíneas.
Temo a toda esa vigencia
que firma documentos
y trae legañas
y membretes
y cielos saturados
ciertos y callados.
Vi una vez un lucero
que ahora cerilla
consumida
que no te engañes
ni antaño
tanto lucía
ni ahora
tanto se extingue.
Reproches del año pasado
caen en la mano rota
que será la muerte
quien lo deje todo claro.
sábado, 24 de junio de 2017
La memoria es algo bueno
La memoria es algo bueno
La memoria es cosa buena¿Quién no recuerda
aquella niña de rubias trenzas
que murió ahorcada?
¡Ay la memoria!
Nos mata.
Nos hace vivir.
Un día me dijo
lo que es morir.
La sangre deja de recordar,
el cerebro se atora,
no hay que preguntar
sucede todo
a última hora.
La niña de las trenzas preguntó:
¿Pero eso es todo?
La memoria,
que es muy vestida,
respondió:
No,
queda la memoria,
quedo yo.
Añadió:
¿Quién no recuerda
la dulce niña
de las generosas trenzas,
que se ahorcó?
Pero, señora,
mi tía me trajo un crucifijo,
para que Dios
se apiade de mi alma.
Mira niña,
soy muy vieja
y olvido propósitos
y fundamentos.
Creo recordar que
el alma era un aditamento
blanco, fino,
miedos marcados
en un almanaque
y deseos mal aplacados.
Dios ociosamente
guarda en una cajita nacarada
almas.
Que al soplar se avientan
las almas y los dioses,
únicamente queda el nácar
y su brillo en el recuerdo.
La niña tenía una mueca
graciosa por desordenada,
imposible no recordar,
esa niña de argentina alma.
Así que no me vengan
para acá
con el más allá.
Que en el lado de acá
las maños suaves y calientes
de la madre,
la abuela que aprieta
a su bermeja
y desnuda nieta,
contra sus lacios pechos
son los resquicios de cada uno.
Eso es la memoria,
eso es el alma señora.
La memoria es cosa buena.
jueves, 9 de marzo de 2017
Nuevos
El adolescente tiene una mordaza
alrededor del cuello.
Trenzada en curiosidad
arrojo delgado y miedo
que hace humear su piel
y colma de vaho los espejos.
Separa la espesura,
para ver tan apresurado,
que ni la caracola ve
tan solo ve viento agitando
esa maleza pugnando.
Las hojas caen del suelo
hacia las ramas
verdeando.
La sabia escanciada desde la copa
eyaculando en la tierra
ni firme, ni madre.
Los odios y los amores de aluvión
suben y bajan las dichosas mareas
caen y se levantan las lágrimas
de la mejilla al ojo
del ojo a la comisura.
El que adolece tiene un universo
que yo que adolezco de lo suyo
poseo mi memoria ,
lucero engastado en mi imaginario
me trae los suspiros
los puños prietos
de mi azarosa desazón
de los años pretendidos.
Traban los núbiles descubridores
una maraña apasionante
que traerá brazos y piernas
penes y vulvas
acordes al tamaño
del aire que respiraron
padres que habrán de
purificar el aire.
Habrán de acariciar sus suaves caracoles
Sujetarlos por los machos
y las hembras.
Habrán de contener el vertido
de lava y futuro
abriles y torrentes.
¡Ay! El adolescente que araña
la cal de la pared viva.
¡Ay! Si no seré yo con uñas romas
Y paredes desconchadas.