
En esa calle abajo eché a rodar mis años adolescentes. Cada sábado pasaba el día inquieto, pesado, cargante, de la emoción de salir, 14 años...
Enamoramientos, peleas, primeras borracheras, juegos peligrosos, juegos inocentes, forjando las primeras amistades, los primeros enemigos, loco preparando la melena, jajaja, si, tenía melena, ¿este pantalón me pega ama? No se hijo pregúntale a tu hermana, cogía prestado el niqui chulo a mi hermano... .
Siempre quedábamos en el mismo, siempre el mismo recorrido, poteros, pero de noche. El kinito, a las 6 de la tarde, a las 8 ya listos para la batalla, a las 6 otra vez derrotados, hora y media tengo de record, recorrer hacia arriba la calle Coscojales hasta la Plaza del cristo, 100 metros.
En fin, que creo que ya me queda menos por vivir que lo ya vivido y la visión inesperada de esta calle una mañana me trae de atrás una andanada de recuerdos que me hacen sonreír, más aun si me encuentro acompañado de dos adolescentes fenomenales y grandes, muy grandes.
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