Estamos abocados a no permanecer,
a perecer.
Rocemos pues la bondad,
escuchemos el aire que exhala una cueva,
La caída de las hojas de los cuentos
al rozar un beso.
Abocados a partir,
del momento,
a acelerar el cuento,
a no exigirnos otro esfuerzo.
A caer por el cuerpo
de la cascada,
con los brazos abiertos,
la flor abrazada.
Abocados a estar separados,
los unos de los otros,
por contra,
a buscarnos y encontrarnos,
los unos a los otros....
En el otro lado
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